LAS PEQUEÑAS RECOMPENSAS DIARIAS QUE DEJAMOS PASAR

Ayer hablábamos de las pequeñas recompensas que hacen felices a los niños, pero a  medida que crecemos nuestra búsqueda de recompensas se vuelve más compleja: solo seré feliz cuando tenga un buen trabajo, la pareja ideal o cuando los demás reconozcan todo lo que valgo…
Nuestra mente pierde su inocencia, y es de este modo como llegan los abismos, las inseguridades, las frustraciones…
El neuropsicólogo Rick Hanson enfatiza la necesidad de “conexionar” con nuestra felicidad.
Algo así solo se consigue reprogramando nuestro cerebro aprovechando su plasticidad neuronal por lo que hay que cambiar pensamientos, conductas, hay que propiciar nuevas emociones para dar forma a nuestra realidad. Y esto se puede hacer y aprender.
Porque las cosas más bonitas siguen ahí, invisibles e intangibles… Hay que saber sentirlas.
Hay que abrir los ojos de nuestro interior para ver las cosas invisibles, las pequeñas recompensas diarias: el día soleado, un café con un amigo, una mariposa, etc, etc, etc, porque realmente tantas que no nos damos cuenta y las dejamos pasar...
Cariños y sonrisas
Irene

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