martes, 9 de octubre de 2012

Camino a la felicidad


Les he traído una historia, que a mi me gustó mucho, sobre un deseo tan viejo como la humanidad y tan buscado como el tesoro más preciado de la vida: La felicidad.
"La felicidad amaneció un día sobre un desierto de dunas y vientos. Nació de la belleza y la paz. . 
Caminó guiada por la luz del bien, cruzando todos los mundos de la existencia
Atravesó océanos de silencio y oscuridad.
Cruzó la ignorancia, la ambición, el egoísmo, la lujuria, la arrogancia, la sabiduría... y en ninguna se detuvo.... hasta alcanzar la raíz del Tao.
Desde tiempos inmemoriales todos los hombres y mujeres de buena voluntad han querido poseer ese gran tesoro.  El tesoro de la felicidad... Unos han buscado en la Naturaleza, y han descubierto una belleza inconmensurable, otros han buscado en los tesoros de la materia, y solo han conseguido aferrarse más al dolor y al sufrimiento que conlleva tener que poseerlos para luego desprenderse inexorablemente de ellos.  Otros han buscado en lo más profundo del cielo, en sus misterios y maravillas, y solo han descubierto conocimientos milenarios que siempre han estado escritos con la luz de la eternidad. Otros han buscado en el corazón de la Tierra, en sus secretos escondidos de arcanos ancestrales, y solo han hallado trazos borrosos y casi perdidos de una sabiduría imperecedera.
Un día, un principito, buscó en los libros más sagrados, sobre su caballo de fuego, visitó a los sábios más ancianos, caminó en busca de ella, y todo lo que pudo hallar, fue que la felicidad no se atrapa, no se posee, no se encierra ni se guarda... La felicidad es un estado de conciencia que se alcanza cuando has conseguido liberarte de tus miedos y deseos, cuando has abierto tu corazón al amor más puro y a la verdad más sagrada.  Es la consecuencia de tus actos, de tu voluntad, de tu deseo.  Así llegó a escribir en su libro de sabiduría:
Para llegar a la felicidad debemos empezar por conocernos a nosotros mismos.
Debemos practicar siempre nuestra oración de entrega y humildad a todo lo que te rodea.
Desprenderse de todos los yoes que forman la fortaleza del “ego”.
Vaciarnos de todo lo que nos han dicho o contado.
Y solo cuando alcancemos el silencio más profundo en el  centro de  nuestro  corazón.
Cuando vivamos la inmensidad del cosmos en el fondo de nuestro ser, como una mota de luz en la existencia.
Cuando hayamos renunciado a todo deseo de poseerla.
Solo entonces ella se manifestará...
Y cando eso ocurra, ya no será necesario buscarla....
porque será una expresión de nuestro corazón más puro...
Espero que les haya gustado, cariños y sonrisas y hasta mañana
Irene

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada