miércoles, 8 de agosto de 2018

EL MIEDO

¿Quién no ha sentido miedo alguna vez?
Él hace su aparición cuando menos necesitamos que lo haga, con tan sólo unos pocos minutos en nuestra mente ya puede apoderarse de nosotros y cuando nos percatamos de su presencia, ya es demasiado tarde y él ya tiene el control absoluto.
El miedo puede ser experimentado en diversas ocasiones, pero sin duda la más molesta es cuando se hace ver en aquellas circunstancias donde más necesitamos de nuestro valor.
Un joven profesional comentó que era el mejor de su clase, tenía una de las escolaridades más altas de la universidad. Era un estudiante ejemplar, un verdadero ganador. Sus calificaciones le ofrecieron varias oportunidades laborales, oportunidades que una a una fue perdiendo, siempre por la misma razón. En sus entrevistas laborales siempre se ponía en blanco, toda su simpatía, inteligencia, ingenio, se evaporaban como por arte de magia. Y así como joven profesional, a pesar de poseer todas las cartas para ganar, se veía a sí mismo como un fracaso.
El miedo es una reacción natural, instintiva al peligro y es necesario que podamos sentirlo para sobrevivir como especie. Pero, ¿qué sucede con ese miedo paralizante que solamente estorba en nuestra calidad de vida?
Este miedo molesto proviene de varias fuentes, una de ellas es nuestra infancia.
Tomemos por ejemplo el caso del amor, si hemos crecido en una familia donde nuestros padres eran infieles o tenían una relación violenta, es muy probable que cuando seamos adulto tengamos miedo de que nos suceda lo mismo, que queramos protegernos a toda costa del dolor que vivimos.
Las personas suelen apropiarse de la angustia de sus padres, incluso pueden creer que correrán inevitablemente con la misma suerte.
El miedo al éxito está también asociado a una baja autoestima y en algunos casos, incluso es un temor a superar a los padres. Cuando se ha tenido padres que no han accedido a estudios, a oportunidades, el hecho de que en cierta forma ellos puedan llegar a sentirse “mejores” que ellos, es suficiente para estancarse y negarse las oportunidades que ellos no han tenido.
Cariños y sonrisas
Irene


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Cariños y sonrisas