PARA MEDITAR, RESPIREMOS,NO NOS EXIJAMOS Y SOBRE TODO, SONRIAMOS

La respiración es nuestra aliada a la hora de concentrarnos y aquietar nuestra mente. 
Respiremos profundo y exhalemos lentamente, como si saborearamos cada bocanada de aire que entra en nuestros pulmones.
Sintamos cómo se llenan y se vacían de aire y enfoquemos la mente en ese movimiento respiratorio, hasta que se convierta en lo único que ocupa nuestra mente. 
Esta es una excelente técnica que nos ayudará a concentrarnos con mayor naturalidad y facilidad.
Pero, si recién estamos comenzando a meditar, no nos obliguemos a pasar varias horas seguidas meditando ya que lo vamos a padecer y no es esa la idea. Sí, hay que hacer un esfuerzo, pero también hay que saber escuchar al propio cuerpo y hacer caso de sus demandas.
Comencemos con una sesión de quince minutos y exploremos nuestras propias capacidades. Si lo necesitamos, bajemos un poco el tiempo, y si sentimos que podemos, alarguémoslo. Esto va mejorando, conozcamos nuestros propios ritmos y así poder hacer nuestro propio camino
Y aunque parezca extraño, mantener una sonrisa durante la sesión de meditación  ayudará a conectar mejor con nuestro interior y a mantenernos en un estado de paz y tranquilidad. 
Hagámoslo ahora cómo la meditación puede mejorar tu vida!
Cariños y sonrisas
Irene


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