A VECES DECIR GRACIAS NO ES SUFICIENTE

“Sentir gratitud y no expresarla es como envolver un regalo y no darlo”, William Arthur Ward
Aunque desde pequeños aprendemos a dar las gracias, pocas veces prestamos atención al verdadero significado de esta palabra.
Proviene del latín ‘gratia’, que deriva de ‘gragus’, cuyo significado es agradable o agradecido.
Pero ¿En qué consiste ser agradecido?
A grandes rasgos, supone reconocer la actitud, conducta o acción de alguien que influye positivamente en nuestra vida.
Dar las gracias es la respuesta más común, espontánea e inmediata cuando aflora esta situación, pero más allá del convencionalismo existen miles de maneras de mostrar nuestro agradecimiento.
A menudo, la palabra ‘gracias’ se queda corta.
Está tan desgastada por el uso que ha perdido significado y contenido.
De ahí la importancia de convertirla en acción.
De este modo, demostramos a la otra persona que apreciamos verdaderamente lo que ha dicho, hecho o compartido.
Para hacer tangible nuestra gratitud, los pequeños detalles son un vehículo más poderoso que las palabras. En este escenario, la creatividad toma las riendas!
Se trata de ponerse en la piel del otro –ejercitando nuestra empatía– y encontrar un gesto que nos permita mostrarle que le valoramos y nos sentimos afortunados de que forme parte de nuestra vida.
Y aunque lo hagamos por él, también repercute en nosotros.
La gratitud nos enseña la satisfacción que existe en ser cómplices de la felicidad ajena.
El gozo de dar, aportar y compartir.
Y por otra parte, equilibra nuestra tendencia a centrarnos en ‘recibir’ o en ‘lograr’ todo aquello que deseamos.
Porque cuando vivimos centrados en recibir, nos posicionamos en la escasez.
Partimos de la base de que nos falta ‘algo’. Y asumimos el rol de ‘víctimas’.
Pero esta actitud termina por pasarnos factura. Causa conflictos en nuestras relaciones, y nos aleja del bienestar que tanto anhelamos.
Agradezcamos!
Cariños y sonrisas
Irene
 

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