Y PORQUE DEBEMOS PERDONAR

Lo importante es que desarrollemos nuestros propios recursos, creemos herramientas nuevas para conseguir aquello que realmente queremos, mantener lo que hemos logrado y desechar todo aquello que interfiere en nuestro bienestar, en definitiva lograr vivir como un ser autónomo y libre.
La situación donde el perdón se hace más importante e imprescindible y en ocasiones más difícil, es en el duelo en las relaciones que se mueren.
Cuando decidimos despedirnos de una relación, especialmente si es de pareja, amistad o familiar y esa persona, ha sido muy importante en su vida, y surgieron desacuerdos que hacían imposible ya la relación, el perdonar “de corazón”, el renunciar al resentimiento o a la fantasía de la venganza, supone una de las partes mas duras.
Es cierto que cuando se recibe una agresión ya sea intencional y peor aún premeditada, es injusto, nos han herido y las heridas duelen, especialmente sino se cicatrizan bien.
Sin embargo seguir manteniendo ese dolor por nuestro “derecho de justicia” nos convierte en ratones de nuestro propio laberinto, porque nunca seremos capaces de salir de él.
El perdón no quiere decir no tenernos en cuenta sino  que debemos hacer lo posible por restaurar ese daño, sacando rabia, poniendo límites, etc..
Es decir, representa renunciar a estar atada a ese agravio  y a dejar de usarlo en el futuro como posible arma.
Pero, también significa renunciar a desempeñar el papel de víctima, renunciar a lo que hasta ese momento nos ha proporcionado el guión de víctima.
En determinadas ocasiones para perdonar a alguien es imprescindible comprender las razones que le llevaron a actuar así, una vez que lo comprendemos al mismo tiempo sentimos que el daño hecho no fue intencionado y al comprender en cierta manera dejamos una puerta abierta en nosotros para pensar que tal vez podríamos o podemos en el futuro cometer un error similar.
Hay acontecimientos en los que el perdón no obedece a estas reglas, me refiero a situaciones donde la agresión ha sido tan brutal e intencionada que no se pueden comprender las razones,  tratemos de decirnos que nos merecemos una vida bella y plena, soltando ese rencor y renunciando a ese resentimiento.
Que debemos construir nueva vida  sobre unos pilares fuertes y limpios donde nuestra persona poderosa y libre ya no necesita el resentimiento ni la victimización para continuar su camino.
Cariños y sonrisas
Irene














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